Eres tú uno de mis impulsos más
grandes para no dejar esta bonita pasión que es escribir. Por eso te escribo
todo el tiempo: desde mi mente, en servilletas que luego desecho, en papeles
que colecciono y luego pierdo, en textos que están escritos para días
especiales que quería vivir contigo, en mi celular, en mi computador, en mis
manos. Trato de convertirte en letras todo el tiempo y quiero que sepas, que
este un gran halago de mi parte.
Escribirte y describirte están enloqueciendo
mi cabeza pero me gusta, justo ahora no quisiera que algún día deje de ser así.
Los lugares te mencionan, las canciones dicen tu nombre de a poquitos; tu
ausencia está en mi sonrisa y en mi mirada perdida, lo complejo es que hay
testigos de esos relatos. No hay días que pase en que no te recuerde, tengo un
millar de sentimientos y experiencias que quiero narrarte sólo a ti, y hay
otros cuantos que guardo porque no hay con quien más quiera vivirlos que
contigo.
Tú de mi cabeza no vas a salir,
no voy a lograrlo. De mis rimas tampoco. Y de mis letras, mucho menos. Estás y
estarás. Mis capítulos todos crean realidades alternas que te incluyen y éstas lucen
mejor. Los capítulos malos te extrañan para hacerlos más interesantes y los
buenos también, para hacerlos más suspirantes. Mi historia no se deja de
escribir, todos los días hay tinta y papel para continuar, aunque hay que
aceptar que compartir tintas de colores me daría más ganas de escribir.
Escríbeme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario